Recorriendo mi habitación con la vista, busco en este preciso momento un tema para escribir este post. Aún no se me ocurre un título, ni un tema, ni cómo empezará o terminará, solamente me importa escribir un poco para… para… escribir.
Veo mis almohadas, dos cobijas sin doblar, una grabadora averiada… no se me ocurre nada interesante, hasta que veo la ropa de ayer en una esquina de mi pieza, al lado de mi cama. Está mojada, pues ayer llovió muy fuerte y me mojé, además esa ropa mojada me recuerda el frío con el que intenté dormir anoche. La pregunta sería entonces ¿para qué sirve la ropa?
Si corriera a preguntarle a un psicólogo, me diría que en la ropa se vería representada mi idea de cuerpo y que dependiendo de mi forma de vestir estructuro mi existencia (o algo así). Si le preguntara a un diseñador de modas, me diría que mi vestir muestra mi estilo o mi personalidad o un discurso muy similar al del psicólogo. Un comunicador me dirá que “no se puede no comunicar” y que mi forma de vestir va ligada a un mensaje que quiero darle a la sociedad, y no faltará el profesional que mezcle todo lo anterior con más cuento y me diga otra cosa o base mi vida en mi vestimenta.
Ahora, me pregunto sobre el antecedente más antiguo que se tiene de la vestimenta… lo primero que se viene a mi cabeza cuando pienso en lo que pasaría hace millones de años son los picapiedra, y según esa teoría los primeros vestidos serían pieles de animales que protegían al hombre del frío y quizá por esa razón nuestro pelaje no es tan denso como el de los otros animales, eso me basta como argumento.
Si la vestimenta nos quita el frío, nos permite escapar del agua (impermeables), nos protege de balas, de animales ¿por qué diseñamos la ropa dependiendo de la estética y no de su funcionalidad? o por lo menos, ¿por qué el criterio ‘utilidad’ no prima sobre la ‘estética’? Pues esa pregunta se la dejo al diseñador de modas, que casualmente diseña modas, no ropa.