NotiCERO

Seguramente seré conocido como un egoísta, individualista y otros usos peyorativos de la lengua, pero soy un creyente firme de que la revolución parte de la inconformidad y que cada quién construye su inconformidad desde la individualidad, desde lo subjetivo. Hace días, hablando con un grupo de personajes con pensamiento radical e interesante, logré admirar uno de los principales problemas de los movimientos de oposición colombianos: que quieren que todas las luchas se unan bajo una misma causa, ignorando la individualidad y luchando por la colectividad, que es precisamente la misma propuesta que nos ofrece el capitalismo.

En lo personal, no estoy de acuerdo con la tala de bosques, con la represión por parte de policía y paramilitares, con que me quiten las drogas que compro con mi dinero, desde que me levanto hasta que me acuesto “el sistema” me bombardea de tantas formas como le es posible. ¿Y a qué llamo sistema? llamo sistema al lector de este post, al computador en que lo están leyendo, a la ropa que tenemos puesta, a la basura putrefacta que muestra la televisión y demás cosas existentes, hasta yo. Y es en este punto de donde parte mi crítica intencionalmente destructiva a la revolución actual colombiana: nosotros no podemos destruir el sistema sencillamente porque hacemos parte de él, lo que sí podemos hacer es cambiarlo, aunque eso generaría otro sistema que sería opresor en otros sentidos y en el que igual existirían inconformes como nosotros.

¿Entonces cuál es la propuesta? como siempre ninguna: hacemos crítica intencionalmente destructiva y lo único que podemos hacer según ella es decir que si todos tenemos algo de inconformidad con lo que sucede debemos combatirlo. La lucha no se da sólo en el monte con un fusil, en la calle contra el ESMAD y la tomba, en el congreso, en los parques con el arte, en la esquina del movimiento… para mí, la lucha y la revolución se hace en todos los escenarios en los que vivimos, nuestra lucha es nuestra vida y se fundamenta desde la individualidad, contra las inconformidades propias y con el actuar de cada día. Luchar es ver el mundo de otra forma, usar el mundo de otra forma, descargar la rabia que el sistema nos genera contra el sistema mismo, con el propósito de destruirlo, de cambiarlo, de lo que sea necesario para estar mejor.

No digo que debemos acabar los movimientos de oposición, estos son una respuesta a la inconformidad de varias personas que se han organizado para luchar por mejorar su realidad. Lo que quiero decir es que no debemos encausar a quien no le interesa luchar, porque el simple hecho de vivir implica una lucha diaria, complicada y que al fin vale tanto como la lucha de cualquier movimiento, guerrilla, grupo de artistas, banda de rock o lo que sea. En fin, lo importante es hacer lo que uno cree necesario, y mientras uno considere que está luchando, la lucha es válida porque es una reacción con la que combatimos aquello que nos genera malestar: que al fin somos nosotros mismos.