Algo bastante requerido en ambientes universitarios, enfocados al conocimiento científico y en los que se pretende construir ciencia, es la argumentación. A partir de ella, el estudiante o profesor demuestra que no es un baboso que habla por hablar y que ya otra persona que creemos más inteligente y que en adelante denominaremos como ‘teórico’ ya dijo lo que nosotros decimos.
¿Cómo es el proceso de argumentación? sencillo: usted va a una biblioteca, busca en el catálogo libros que tengan algo que ver con lo que usted dice, busca un aparte del texto que le convenga a su afirmación y la reproduce con una nota al pié que sirve como prueba de que lo dicho por usted es cierto. Aquí va entonces la pregunta: ¿nuestra opinión es tan poco válida que necesita ser reforzada con la de otro? pues para el entorno científico-riguroso es así.
Por mi parte, considero que la ciencia se basa en la percepción, en rebuscar palabras que sean acordes a lo que queremos expresar y den a entender al lector una forma de ver las cosas, no tiene rigurosidad alguna citar a un autor, copiar una parte de algún texto sin siquiera leerlo completo y con eso demostrar que somos científicos, que el conocimiento que producimos posee valor aunque esté basado simplemente en nuestra forma de ver las cosas y sustentado en nada más que la percepción.
Si desconocemos el conocimiento que no está argumentado, nunca podremos identificar el ’sexto sentido materno’, la sabiduría indígena, los saberes de nuestros abuelos y padres que no estudiaron una carrera universitaria, la forma en la que siembra un campesino y todos estos orgasmos epistemológicos que no requieren ser argumentados. Pondremos el ejemplo del campesino que cultiva papa: él no necesita ser biólogo, tegnólogo del SENA ni nada similar para saber cuándo siembra, cómo abonar las plantas, cómo combatir las plagas y el momento preciso para cosecharlas. Él sólo lo hace, luego llega un ‘teórico’, estudia lo que el campesino hace, lo escribe en un libro y a partir de él otros estudian y se ganan un sueldo muy generoso a comparación de lo que gana el campesino vendiendo sus productos.
El entorno científico está lleno de seudointelectuales que no dan el valor que merece al conocimiento bruto, aquél que ha sido convertido en ciencia para ser reproducido a gran escala y hacerlo productivo al capitalismo. Argumentar es asumir que la opinión y percepción propias no poseen más carácter que de la subjetividad, una palabra detestada por aquellas personas que consideran que se puede llegar a ser completamente objetivo: dejar la subjetividad de lado y escribir sin adjetivos, salirse de la subjetividad, salirse de la percepción, salirse de uno mismo.
La objetividad no es más que la utopía científica, despreciar el conocimiento propio y acoplarlo a lo que la ciencia ya tiene dictaminado ¿Gonzalo Arango no era científico? ¿William Shakespeare no era científico? ¿Yo no soy sientífico? ¿Por qué, si todos expresamos nuestro conocimiento de diversas formas? es cuando entra a jugar otro factor: el arte. El arte para la ciencia no es más que una construcción subjetiva de la realidad, para mí algo más científico que lo que lace un estudiante de maestría en una biblioteca. Tomás Carrasquilla decía que la educación era separar al individuo de la realidad, meterlo en una universidad y ponerlo a estudiar esa realidad de la que está siendo separado ¿esa afirmación no es algo científico? no, porque hace parte de un texto literario y es visto como arte: si cito eso en una tesis lo más seguro es que la universidad se burle de mí con un cero.
En fin… estos son mis argumentos contra la argumentación, un texto en el que me desgasté sin necesidad, porque la mejor forma de ahorrarme el trabajo es simplemente decir “no creo en la argumentación” sin más. Pero me tomo el trabajo de extenderme para que a algún seudocientífico no se le dé por llamar a esto atajismo, mediocridad o facilismo, pues por más que me refuten para mí esto es ciencia y para acabar de meter el dedo en la llaga científica, ahora yo soy un teórico intelectual científico.





4 comments
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Julio 4, 2008 a 8:43 pm
Tajalápiz
Don Blog, me parece que estás argumentando… ¿Qué quieres? así es la academia. Yo sentía lo mismo en mis lejanos años universitarios, por eso me ha gustado tu artículo. Pero citar también es una forma de humildad. En lo del campesino no estoy de acuerdo. Simplemente no se ha estudiado (o quizás sí y no lo sé) las formas de transmisión pragmáticas de los campesinos o los indígenas. Sus libros son la naturaleza, la selva, los ríos, los ciclos lunares. Y sus maestros son los abuelos y los padres que ellos observan durante años y luego repiten los mismos gestos. Un niño indígena conoce todo lo necesario para vivir bien en la selva porque lo ha aprendido con sus mayores. Y si hablas con él en algún momento va a citarlos. Pero bueno, ya dejo de argumentar.
Julio 5, 2008 a 2:23 am
Tomáz
Hola Tajalápiz, gracias por su comentario, buena crítica.
El objeto de éste post ha sido sólo la de enunciar que para la ciencia nuestro conocimiento está ligado a la argumentación que hagamos de él, y que no hay forma de hacer caso omiso a esa regla por más que tratemos. Es por eso que la Crítica Intencionalmente Destructiva no está de acuerdo con la ciencia: es a esos argumentos a los que atacamos.
En cuanto al campesino y los indígenas y su forma de transmitir los saberes, sería interesante revisar una consecuencia que trajo la imprenta consigo: ahora el conocimiento no se limitaba a las personas -especialmente a los ancianos, quienes por su antigüedad tendrían mayor conocimiento-, razón por la cual los libros son la principal fuente de sabiduría que tenemos, pero ¿los indígenas y campesinos leen libros para obtener conocimiento?¿qué es argumentar para una persona que está fuera del marco de la ciencia?
Julio 13, 2008 a 10:37 pm
Tajalápiz
Bueno, es que no hay que olvidar el paso del pensamiento mágico al pensamiento racional nuestro. Y también es cierto que la historia de Occidente es la historia del olvido de lo mágico. El joven indígena tampoco puede contradecir y probar lo que dice frente a la verdad mágica de su padre o de su abuelo.
la CID deberá seguir debatiendo y argumentando mucho tiempo para convencer a los otros de su certidumbre.
Y vos tendrás que seguir citando unos cuantos textos en tus trabajos universitarios y poniendo al final una bibliografía.
Maldita academia.
Julio 23, 2008 a 3:59 am
Evelyn
Cuando había terminado de estudiar mi carrera artistica y mi hermano estudiaba una carrera científica, me preguntó cómo hacía su defensa de título, ya que el había leido la mia y encontraba que estaba buena, entonces yo le pregunté, cómo me preguntas semejante locura si tus argumentos, más alla de los libros y personas que lo hayan estudiado son sacados de la tierra y del agua, no son imaginarios, no hay que inventar nada, no existen pies forzados, etc.
Los cientificos tienen todo en sus manos para poder argumentar, porque lo que estudian es REAL.
Cómo diablos argumentas que quisiste pintar un sueño en un cuadro con ciertas cualidades pictoricas que le dan el toque y tematica. si nadie lo vio mas que tu, nadie mas que tu mente que solo entremezcla la relidad con el idilio, las penas, etc.
Cómo argumentas algo que esta fuera de logos emitidos como un sentir bajo el agua respirando y todo, tranquila mirando el fondo marino, no, no se puede ser exacto, no se puede argumentar, sólo se siente.
Pienso que la argumentación no es una tautología de citas de distintos tipos, sino el significado de tu teoría con tus propias palabras, tan bien estudiadas, que tienen su propio estilo y marca.
por lo demas siempre se nota cuando alguien habla de citas queriendo ser propio.