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La Crítica Intencionalmente Destructiva está fundada sobre algo llamado “Percepcionismo”, ésta palabra ha sido la guía de mi vida y a la vez el motivo por el que nació Don Blog Pérez. En éste post, trataremos un poco ese asunto del percepcionismo para así presentarle a los lectores de éste blog un nuevo proyecto pseudoeducativo que surgió de las drogadas cabezas de un amigo y yo el día de ayer.

Comenzaré dejando claras dos palabras: “conocer” y “saber”. El conocimiento se basa en la percepción, es decir, que la realidad pase por alguno de nuestros sentidos y podamos hacer reflexividad sobre un objeto de estudio. El saber, por otra parte, se basa en “enterarse” de los fenómenos y las teorías que supuestamente los rigen. Así, conocer las pirámides de Egipto requiere que vayamos a Egipto, saber sobre las pirámides de Egipto sólo requiere ver National Geografic.

El percepcionismo es, en cambio, el conocimiento que adquirimos al interactuar con la realidad y la digestión consciente e inconsciente que hacemos de ella en nuestros prodigiosos cerebritos. Si salimos un poco de ese lenguaje científico y nos trasladamos a un lenguaje percepcionista, diríamos que el percepcionismo es ese “sexto sentido” que le dice a una mamá que su hijo está en vueltas raras, también podría ser ese “sexto sentido” que tiene el profesor para saber que la excusa del estudiante es falsa, y siguiendo esa línea podríamos decir que el percepcionismo es esa capacidad que tenemos para aprender a partir de la percepción de las cosas. Por eso, ¿qué gracia tiene estudiar la sociedad en una universidad, dónde los fenómenos sociales no son tan visibles? yo digo que en lugar de estudiar sociología, usted podría salir a vagar por la realidad y aprendería teorías sociales que la ciencia no le ofrece, ni le acepta, aunque para usted funcionen.

Como se imaginarán, este asunto salió de un porrito, y la explicación más obvia de por qué salió de ahí sería la extrema sensibilidad que se deriva de fumarse la Cannabis Sativa. Cuando el mundo se percibe de una forma diferente, nuestro brillante cerebrito procesará de forma diferente lo que le mandan nuestros ojos, oídos, corpúsculos de meissner y demás partes del cuerpo drogadas. Cuando uno se sale de la mecánica que enseña la educación científica y se concentra en la lógica de las cosas, puede ser crítico y proponer alternativas a ese tema, una opción menos tediosa a la hora de estudiar; comenzando por la posibilidad de cambiar el entorno educativo.

Les cuento que mi tía me dio trabajo, el asunto consiste en que el hijo de ella -mi primo- no es una persona que tenga una relación amena con la educación, o como se dice comúnmente “es un burro”. Mi función es la de hacer de éste ser humano un buen estudiante, y la idea es hacer uso de mi primo como “ratón de percepcionismo”, es decir, poner con él en práctica un proyecto inventado hoy que se titula “Percepcionismo educativo”. Mañana será la primera clase, abriré una nueva página en éste blog para narrar la experiencia y reflexionar alrededor de ese asunto. Quedan invitados entonces a participar del proyecto con sus aportes.

(continuará)

“Nada más hipócrita que la eliminación de la hipocresía.”

-Friedrich Nietzsche

Hoy fui por primera vez en el semestre a una materia que estoy terceriando, es decir, la he perdido ya dos veces y si la vuelvo a perder me expulsan de la universidad. La docente del curso es una recién egresada que me odia porque no estoy de acuerdo con nada de lo que dice, siendo esa la base central para su teoría de que soy un egocéntrico que cree que lo sabe todo. De mi parte, no hay oposición alguna a esa afirmación, incluso creo que es en lo único en lo que estamos de acuerdo, pero sí desacuerdo con que eso sea una causa para perder la materia.

Mi relación con ella es lo que más me gusta: ingreso al salón y la miro a los ojos, ella inclina levemente su cabeza hacia alguno de sus hombros, deja entrever su enorme dentadura en una dulce sonrisa y me saluda “Hola, ¿cómo estás?”, yo inclino la cabeza por uno o dos segundos hacia el frente, levantando mi mano derecha y medio cerrando los ojos mientras respondo “bien, ¿y usted?”, a lo que ella -reiterando el procedimiento de saludo- responde “bien, que rico tenerte de nuevo por acá”. Yo continúo mi recorrido hasta alguno de los pupitres, dejo mi mochila a un lado de éste y tomo asiento.

La clase comienza, yo permanezco con la mirada fija en ella para que crea que le estoy poniendo atención, ella habla de programas de televisión, cosas de la familia, éxitos personales y demás, intentando sin éxito relacionar todo con los temas de clase. De cuando en vez arroja una mirada a mi existencia para percatarse de que no esté haciendo gestos a mis compañeros o algo por el estilo, y como yo ya sé que eso es lo que quiere ver, pues no le doy el placer: disfruto verla prevenida. En el fondo (muy en el fondo) la he aprendido a considerar como un ser humano.

Ambos sabemos que existe un malestar mutuo, en los corredores de la facultad nos topamos constantemente repitiendo el proceso de saludo que ya describí, tanto a ella como a mí nos han contado lo que opina el uno del otro, ustedes saben como deben ser los estudiantes chismosos de una facultad de comunicaciones… sin embargo, el asunto con esta profesora no me importaba mucho hasta hoy. No hay razón para que yo me haga echar de la universidad por una profesora como esa, así que la hipocresía fue el mejor componente de la clase de hoy: participación en clase, construcción de conocimiento, opiniones, supuesta humildad y uno que otro comentario gracioso para destensionar el ambiente académico.

Finalizada la clase, ella se acerca y me dice “Me gustó mucho tu actitud en clase hoy, estuviste más receptivo y veo que has progresado bastante”. Yo, por supuesto, no dejé pasar la oportunidad para cerrar con broche de oro mi espectacular actuación teatral: “Profe, hoy su clase me gustó más que los semestres pasados… me sentí muy cómodo”, “Me alegra, que estés bien”, “igual usted, profe… adiós”.

Aquí es donde entra el problema: ¿será que ella también se estaba aguantando la risa?

Apuntes de clase

Apuntes de clase

Como pseudointelectualoide creo que de nada sirve la teoría sin la práctica, se puede leer sobre existencialismo pero no hay punto de comparación con el existencialismo que se vive, para darnos cuenta de la mierda que somos no hay que hacer más que vivir.

Un átomo, un cromosoma, una cadena de adn, el nucléolo, el citoplasma, una célula, un glóbulo rojo, una neurona, una gota de sangre, un testículo, un pulmón, un hígado, un corazón y un cerebro. Si alguno de ellos falla se nos jode todo el cuerpo y llegamos a la muerte.

Yo, usted, mis amigos y los suyos, la chica que me gusta, el conductor del carro y la señora que vende chance -bueno, alguna-, todos forman una sociedad que está en constante caos. Imagine un individuo que hace parte de una familia que vive en un apartamento de un edifio de veinte pisos que queda por la Universidad de Antioquia, sume los estudiantes, los de ingeniería, matemáticas, comunicaciones, derecho, ciencias políticas, biología… en fín, y todo eso es sólo un barrio de Medellín.

Ahora, sumemos la gente de Cali, Bogota, Barranquilla, Santander, Ecuador, Brasil, Gringolandia, Europa y Rusia. Si le parece poca gente, sume los que hay en Beijing por estos días, somos la raza humana… que vive en continentes con animales que se pueden comer y plantas alucinógenas, pero todo, absolutamente todo hasta ahora está dentro del planeta tierra. De toda esa gente que ahora hace miles de cosas, hay uno que está frente a un computador leyendo esta última p a l a b r a . . .

El planeta tierra gira alrededor del sol, el sol en otra cosa más grande y en cualquier momento cualquiera de esas vainas puede colapsar. Cuando uno dice “yo no creo en Dios” y se convence de ello, llega la pregunta: ¿y entonces yo que hago en medio de esta payasada? desafortunadamente está obligado a pertenecer a eso, o por algo tiene conexión a Internet.

La polla records nos dijo que No somos nada, pero muchos no han querido escucharlo porque Pepe grillo les habla al oído sobre Dios. Yo respeto a los religiosos, incluso los entiendo… pero insisto: cuando uno se muere, se pudre.

Herejia

Herejía

Muchos vimos hace poco la noticia sobre la ‘lluvia de sangre’ que hubo en el Chocó, hoy cuando leía leyendo el Blog del Incógnito encontré una referencia a este post de Equinoxio, donde se expone muy bien el tema. Lo que quiero mostrarles es solamente un video que además de evidenciar la parcialización política y moral de los medios de comunicación, deja ver las explicaciones que nos dan a los colombianos de fenómenos como el de la supuesta “lluvia de sangre”, que son también un reflejo de las explicaciones que dan sobre acontecimientos políticos y deja ver con vergüenza ajena lo mal que está Colombia en cuanto a medios de información.

Les dejo a continuación las causas de la “lluvia de sangre”, según el analista en fenómenos geosobrenaturales y teocientíficos, el Padre Chucha.

En algún parque, drogado y satisfecho, ventanas rojas, ropa desordenada y sin un desvalorizado peso colombiano. Un tipo pasa, algo me decía que no debí pedirle dinero pa’ ajustar el trago pero lo hice, y con un gesto de desprecio él responde “trabaje en vez de estar ahí tirado sin hacer nada”.

En un principio estoy de acuerdo en la sugerencia del trabajo, pero eso sí, que no venga a decirme que no estoy haciendo nada. En ese parque, en ese estado, en esa tranquilidad, estoy haciendo lo más importante y necesario para contribuir a esta sociedad adicta al olvido: imaginar. La imaginación es la única arma que tenemos los que nos creemos revolucionarios para luchar contra el morbo policiaco, la política burocrática, el estado paramilitar, la imaginación es lo único que nos mantiene vivos en medio de una cultura a la que el calificativo “medieval” le queda corto.

Los punkis, las drogas, el alcohol de farmacia, los ganchos de nodriza, la ropa sucia y los eructos son los únicos medios con los que los transeúntes recuerdan lo decadentes que siguen siendo. Somos humanos y no queda nada más de que avergonzarnos, los únicos seres vivos que sacrifican la naturaleza para aparentar estatus, los animales que más protocolo moral tienen para aparearse ¿un orgullo? nuestra inteligencia, sentido común, racionalismo y ciencia no sirven sino para llegar a la misma conclusión: tenemos una sola vida, muy corta, y la malgastamos por completo con complejos de moda, economía, política y poder… una brillante cabeza llena de química que al final se pudre en un ataúd.

Los decadentes somos el espejo que la sociedad tiene en el baño y en el que le molesta verse desnuda, nos encargamos de recordar que también es necesario expulsar desagradables flatulencias, que hay que ir al baño a sentarnos en bonitas piezas de cerámica a dejar el producto de un complejo proceso digestivo, que cuando hace calor y hacemos esfuerzo fisico nuestras axilas y pies huelen a humanidad. Somos torpes, hablamos estupideces, gritamos, eructamos, nos drogamos y autodosificamos mil cosas, tomamos alcohol antiséptico (con leche, azucar y café), vomitamos en las aceras si estamos muy locos y nuestros cuerpos disfrutan de todo eso.

Somos la escena de película de bajo presupuesto en la que esa hermosa protagonista tiene un orgasmo, en nuestras decadentes filas están formados grandes intelectuales que bombardean la ciencia con hechos y los argumentos con arte, puede usted, señor lector, escoger escritores, pintores, dibujantes, músicos, poetas, filósofos y sabios de la anarquía; puede seguirle pareciendo estúpido el sentido inexistente de muestra vida, pero algo sí es claro: nunca van a escasear los inconformes que estarán ahí para rellenar el tanque de la revolución con imaginación, con rebeldía, con persistencia…

Cada ofensa o mirada de terror a nuestra humanidad es un triunfo a nuestra lucha, cada insulto o calificativo lo hacen a un espejo que goza, y a decir verdad, puede que estemos demasiado drogados y no nos percatemos de sus consejos.

Algo bastante requerido en ambientes universitarios, enfocados al conocimiento científico y en los que se pretende construir ciencia, es la argumentación. A partir de ella, el estudiante o profesor demuestra que no es un baboso que habla por hablar y que ya otra persona que creemos más inteligente y que en adelante denominaremos como ‘teórico’ ya dijo lo que nosotros decimos.

¿Cómo es el proceso de argumentación? sencillo: usted va a una biblioteca, busca en el catálogo libros que tengan algo que ver con lo que usted dice, busca un aparte del texto que le convenga a su afirmación y la reproduce con una nota al pié que sirve como prueba de que lo dicho por usted es cierto. Aquí va entonces la pregunta: ¿nuestra opinión es tan poco válida que necesita ser reforzada con la de otro? pues para el entorno científico-riguroso es así.

Por mi parte, considero que la ciencia se basa en la percepción, en rebuscar palabras que sean acordes a lo que queremos expresar y den a entender al lector una forma de ver las cosas, no tiene rigurosidad alguna citar a un autor, copiar una parte de algún texto sin siquiera leerlo completo y con eso demostrar que somos científicos, que el conocimiento que producimos posee valor aunque esté basado simplemente en nuestra forma de ver las cosas y sustentado en nada más que la percepción.

Si desconocemos el conocimiento que no está argumentado, nunca podremos identificar el ’sexto sentido materno’, la sabiduría indígena, los saberes de nuestros abuelos y padres que no estudiaron una carrera universitaria, la forma en la que siembra un campesino y todos estos orgasmos epistemológicos que no requieren ser argumentados. Pondremos el ejemplo del campesino que cultiva papa: él no necesita ser biólogo, tegnólogo del SENA ni nada similar para saber cuándo siembra, cómo abonar las plantas, cómo combatir las plagas y el momento preciso para cosecharlas. Él sólo lo hace, luego llega un ‘teórico’, estudia lo que el campesino hace, lo escribe en un libro y a partir de él otros estudian y se ganan un sueldo muy generoso a comparación de lo que gana el campesino vendiendo sus productos.

El entorno científico está lleno de seudointelectuales que no dan el valor que merece al conocimiento bruto, aquél que ha sido convertido en ciencia para ser reproducido a gran escala y hacerlo productivo al capitalismo. Argumentar es asumir que la opinión y percepción propias no poseen más carácter que de la subjetividad, una palabra detestada por aquellas personas que consideran que se puede llegar a ser completamente objetivo: dejar la subjetividad de lado y escribir sin adjetivos, salirse de la subjetividad, salirse de la percepción, salirse de uno mismo.

La objetividad no es más que la utopía científica, despreciar el conocimiento propio y acoplarlo a lo que la ciencia ya tiene dictaminado ¿Gonzalo Arango no era científico? ¿William Shakespeare no era científico? ¿Yo no soy sientífico? ¿Por qué, si todos expresamos nuestro conocimiento de diversas formas? es cuando entra a jugar otro factor: el arte. El arte para la ciencia no es más que una construcción subjetiva de la realidad, para mí algo más científico que lo que lace un estudiante de maestría en una biblioteca. Tomás Carrasquilla decía que la educación era separar al individuo de la realidad, meterlo en una universidad y ponerlo a estudiar esa realidad de la que está siendo separado ¿esa afirmación no es algo científico? no, porque hace parte de un texto literario y es visto como arte: si cito eso en una tesis lo más seguro es que la universidad se burle de mí con un cero.

En fin… estos son mis argumentos contra la argumentación, un texto en el que me desgasté sin necesidad, porque la mejor forma de ahorrarme el trabajo es simplemente decir “no creo en la argumentación” sin más. Pero me tomo el trabajo de extenderme para que a algún seudocientífico no se le dé por llamar a esto atajismo, mediocridad o facilismo, pues por más que me refuten para mí esto es ciencia y para acabar de meter el dedo en la llaga científica, ahora yo soy un teórico intelectual científico.