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“Luis Santiago”, un nombre que ha puesto a marchar medio Colombia y que le ha arrancado lágrimas a más de uno. Este nombre corresponde -o correspondía- a un niño de once meses de existencia que el pasado 15 de septiembre desapareció de su casa, y como suele suceder en nuestro país, no volvió. Por supuesto, su madre fue a las instalaciones de algún canal de televisión y presentó su caso a algún periodista desempleado de esos que abundan, éste visionó que allí había una mina de oro sensacionalista y no dudó en salir (cámara en mano) a “denunciar este atropello”.
Los noticieros no dudaron en mostrar la foto del infante, gateando en una cama, gracias a sus características fisiológicas fue apodado como ‘el niño de los ojos grandes’. Se hablaba de que había sido secuestrado y la policía en su ánimo por conquistar corazones despistados repartía volantes en autobuses, taxis y aceras. Todo muy bonito hasta que una mañana el niño apareció muerto, se supo entonces que había sido el padre quien había pagado por el rapto y posterior asesinato del chiquilín. El escándalo fue impresionante, el cubrimiento noticioso comenzó desde el hallazgo del cadáver hasta la misa de defunción, se mostraron marchas, pancartas, testimonios de monjas, sacerdotes, ministros, alcaldes, viejitas rezanderas, señores indignados y no dudaron en enviar la periodista más moralista a realizar el cubrimiento especial del asunto.
Alvarito no desaprovechó la oportunidad para utilizar su populismo de cajón y arremeter contra los crímenes a los niños, para dirigirse a los responsables con los términos de siempre: “delincuentes, bandidos que hay que atacar con toda severidá’”. Y entonces comenzó la publicidad para la nueva moda en política colombiana: reformas constitucionales. Ahora la propuesta es que a los violadores y criminales que atenten contra los niños se les castigue con pena de muerte o cadena perpetua, y como la constitución no permite que esas atrocidades se hagan, se comenzó a repartir un formato para que la gente firme y apruebe tales estupideces.
Severidad, la palabra más usada por el presidente y los colombianos, severidad que huele a brutalidad, a sangre, a rabia, a sed de venganza. ¿Qué gana un país con asesinar a quienes infringen la ley? ésta nueva campaña demuestra lo que ya habíamos visto en marchas como la del 4 de marzo de éste año, lo que Nicolás Maquiavelo decía en su libro “El Príncipe”: la mejor forma de manipular la masa es mostrándole un enemigo común, y hacerles creer que está siendo combatido; como pasa con las FARC, como pasa en éste caso y como pasa son los estudiantes universitarios. Es aprovechar el sensacionalismo y el dolor nacional para condenar a muerte a quienes no hacen lo que todo el mundo hace, y recuerdo las palabras de Gonzalo Arango cuando decía “¿Por qué Colombia en lugar de asesinar a sus hijos no los hace dignos de vivir?”.
La solución como siempre es la muerte, como los paramilitares, como el ejército. Es más fácil aplicar una inyección letal o sentar en una silla eléctrica a un condenado que convencerlo de que puede gozar su vida sin afectar a los demás, es facilismo, pensar implica trabajo y firmar una hoja para apoyar la muerte tarda menos tiempo, es triste cuando el cerebro deja de reflexionar para mecanizar el proceso de firmar con sangre.
No es falta de sentimientos, no es frialdad, es la costumbre. Todos los días mueren niños en Colombia, por hambre, por masacres paramilitares, por trabajos forzados, por causas desconocidas y en lo único que difieren estos casos con el de Luis Santiago es que quedan en el olvido. Colombia llora la muerte de un niño como si no fuera algo de todos los días, como si ésta fuera una noticia extraordinaria que sucede de cuando en vez. La solución es firmar para combatir el crimen con más crimen, para entrar al círculo vicioso ¿para qué avalar la cadena perpetua si ya la estamos viviendo?
Y que con mi firma, no cuenten.
Como habíamos concluído en el post anterior, los juegos olímpicos han servido como cortina y han escondido guerras, Tibetanos y ahora, talentos ‘poco estéticos’. Hoy resultó que los fuegos artificiales no eran del todo reales, sino que fueron complementados por animaciones computarizadas, desde agosto del año pasado China no vendía fueos artificiales y eso lo pudimos ver en la Feria de las flores, que se quedó sin pólvora.
Pero lo más triste de todo es que la niña que cantó en la inauguración en realidad no estaba cantando, sino que fue elegida por ‘bonita’, mientras la verdadera cantante interpretaba la canción escondida por haber nacido como nació (¿fea?):
“La niña que encandiló en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín, Olimpiadas 2008, ataviada con un traje rojo y cantando Oda a la madre patria, no cantó en realidad ni una sola nota, sino que fue elegida por su aspecto físico en detrimento de la cantante real, de cara rechoncha y dientes desparejados.”
Y como si eso fuera poco, miren la excusa…
“El director musical de la ceremonia, Cheng Qigang, reconoció en la página web Sina que Lin Miaoke fue elegida por ser muy “mona” en función del “interés nacional”, pero no por sus cuerdas vocales.
(…)
“La razón por la que la pequeña Yang (de siete años) no salió elegida fue porque queríamos proyectar la imagen correcta, estábamos pensando en qué era lo mejor para la nación”, afirmó Chen en una entrevista en el portal que ha sido eliminada de Internet.”
Los organizadores de los Juegos Olímpicos de Beijing intentaron en la ceremonia y las pistas reflejar la humanidad y sus capacidades, lo han logrado, sin duda alguna: han demostrado que somos una raza que prioriza la estética al fondo, somos superficiales y eso no lo podemos esconder. Les dejo la foto de la niña que cantó y la verdadera cantante, una triste realidad que causa indignación… nos metieron un cuento chino.

El cuento chino
Pueden leer la noticia completa en la página oficial de los olímpicos en español (clic aquí).
Buena suerte.
"Ya quisiera yo estar por allá... imagínese cuanto doping"
Los juegos olímpicos han sido un gran orgullo para la población de Beijing, eventos majestuosos de inauguración abrieron un evento que los medios de comunicación han cubierto con una deliciosa crema de hastío olímpico en los noticieros y demás basura de su programación. Los chinos construyeron escenarios que reflejan la milenaria sabiduría arquitectónica que poseen, robots que dan la bienvenida en los aeropuertos, seguridad total antiterrotista y demás ‘lujos’ se han dado en ésta ocasión los organizadores, que modelaron a Beijing para hacer de ella el nido de pájaros de esta olimpiada.
“Los de Pekín van a ser los Juegos más caros de la historia del
Olimpismo, según estimaciones que oscilan entre 20.000 y 40.000
millones de dólares y a falta de cifras definitivas sobre las que los
funcionarios chinos mantienen un silencio pétreo.
La estimación más alta, de 41.442 millones de dólares (26.252 millones de euros), fue
confirmada hoy a Efe por el grupo de expertos de la Asociación de
Investigación Olímpica de Pekín (…)” -1-
Todo el recorrido de la antorcha olímpica fue seguida por los Tibetanos, que han intentado de todas las maneras posibles aprovechar las cámaras que periodistas de todo el mundo habían llevado. Ésta era la oportunidad que el Tíbet estaba esperando para decirle al mundo que las cosas no son del todo bonitas, y ésto opina Robert Barnett, el director del Programa de Estudios Tibetanos Contemporáneos de la Universidad de Columbia:
“Los líderes tibetanos exiliados abandonaron el
llamado por la independencia hace más de veinte años, sólo están
pidiendo la autonomía. Eso significaría asumir el control local de la
economía, la cultura y la religión, y relajar el manejo de defensa y
asuntos exteriores a Beijing. Los chinos podrían fácilmente hacerles
varias concesiones sin considerar la autonomía, pero no lo han hecho,
quizás por el miedo de que ceder pueda animar a otras peticiones.” -2-
Por supuesto, los Tibetanos han sido callados de la misma forma en la que el gobierno calla aquí a estudiantes universitarios y camioneros: bolillos y “seguridad”. Y en verdad que se sorprende uno viendo el montón de precauciones que tienen las autoridades en Beijing, el miedo de un atentado los tiene temblando y saben que hay motivos para ello.
Por otra parte, los olímpicos también han sido la cortina perfecta para la guerra que sostienen Rusia y Georgia y que en dos días ya se habla de dos mil muertos (para los que les gustan las cifras, 2000). Todo el mundo sabe que Rusia es un país con mucho poder militar, a tal punto que gringolandia ya la está viendo grave para meterse por el petróleo de Georgia, aunque obviamente no les faltan ganas. Osetia del Sur es el trofeo en éste caso, por ahora Georgia resiste y quién sabe que pasará. Miren lo que dicen los presidentes:
“El presidente ruso, Dimitry Medvedev, informó que Moscú envió fuerzas a
Osetia del Sur para obligar a Georgia a un cese al fuego y evitar que
retome el control de la provincia separatista. Vladimir Putin, primer
ministro ruso, declaró que Georgia cometía un “genocidio” y afirmó que
los georgianos habían cedido en términos efectivos el derecho para
gobernar, dejando entrever que su país podría intentar cumplir el deseo
de los habitantes de Osetia del Sur para anexarse a Rusia.
Mijail Saakashvili, presidente de Georgia, calificó a los ataques “como
una invasión rusa brutal sin provocación”. “Se trata de una
aniquilación de la democracia de sus hermanos”, dijo Saakashvili a la
BBC. “Nosotros no podemos luchar contra Rusia por nuestra cuenta.
Queremos un cese al fuego inmediato, un algo inmediato a las
hostilidades, la separación de Rusia y Georgia y la mediación
internacional”. -3-
¿A quién creerle? se los dejo a ustedes. Y es aquí cuando terminamos y volvemos al principio, los juegos olímpicos siempre majestuosos; igual que la ‘Operación Jaque’, las marchas patrióticas de moda, la feria de las flores y todos esos actos casi perfectos, todos tienen algo en común: que entre más perfectas parecen las cosas, más porquerías esconden.
Referencias y artículos recomendados:
-1- Beijing, los olímpicos más caros de la historia: 40.000 millones de dólares [Caracol Radio]
-2- Los juegos: más propaganda [El Espectador]
-3- Georgia, en estado de guerra [El Espectador]
Muchos de nosotros tuvimos la oportunidad de ver a ‘Tola y Maruja’ en sus buenos tiempos, un par de señoras representadas por Carlos Mario Gallego (también conocido como “Mico”) y Camilo Cifuentes (visto también en “La banda Francotiradores”), siempre se caracterizaron por sutiles chistes sobre la realidad política nacional.
Y para quienes disfrutamos de esos “buenos tiempos” de Tola y Maruja ha sido una decepción verlas ahora en “El Radar”, el programa de Caracol, haciendo comentarios acordes a los intereses políticos de los medios de comunicación colombianos. Y es peor aún cuando vemos el historial de ambos: las caricaturas de Mico siempre han sido fuertes críticas al estado, y el programa “Francotiradores”… también fue bueno.
Y para quienes han visto alguna vez “El Radar” por accidente, va el siguiente dibujo que corresponde a “la frase” que dirán el día de hoy:
Si, acepto los cargos. De pronto me tomo muy en serio el papel de sabio, pero ¿qué le voy a hacer? La culpa, como siempre, se la hecho a la sociedad. Hoy finalmente encontré una tribu urbana digna de mi idenficación: los pseudointelectualoides.
Y aclaro que es difícil ser uno de nosotros, marginados sociales por excelencia y fuertes críticos de una sociedad a la que también pertenecemos. Somos también humanos y asumirlo nos produce complejos existenciales tan profundos que Kafka o Dostoyevski no quisieran conocelos para evitar sentirse culpables de múltiples suicidios juveniles.
Fieles amigos del cigarrillo y frecuentes consumidores de musas prohibidas. Enemigos de Dios, el estado y la policía; enamorados somos poetas, si aprendemos a interpretar algún instrumento somos músicos, si medio dibujamos somos caricaturistas, si escribimos somos literatos y si ninguno de los anteriores talentos es digno de nosotros nos ingeniamos otro pretexto para autodenominarnos artistas.
Escuchamos música en idiomas que soñamos aprender o que medio sabemos pronunciar, vemos películas de bajo presupuesto porque tienen algo extraño que llamamos “fondo”, y leemos libros que confirman nuestro masoquismo existencial. Somos tan hippies que insultamos con finos sarcásmos a quienes no los entienden, conducta que nos regocija y hiere poco o nada al destinatario ¿qué mejor forma de evitar el uso de la violencia?
Todo pseudointelectualoide es un artista innato aunque otras variantes pseudointelectualoides que se hacen llamar “críticos” o “curadores” afirmen lo contrario en un intento fallido de evitar nuestro éxito.
Nuestra sabiduría es llamada “filosofía barata” por quienes quieren comprarla y ven que no está en venta, a pesar de nuestra precaria situación económica. Y no es culpa nuestra, sino que en este país no hay vacantes para intelectuales y las que hay están ocupadas por sujetos que, según nosotros, no dan la talla.
El pseudointelectualoide permanece vivo gracias a su ego interminable, se preocupa más por los demás que por sí mismo (y vaya que nos preocupamos por nosotros mismos), y es aquí preciso hacer aclaración de un par de cosas: la primera, que la preocupación es por el otro y no por lo que éste hace, y la segunda, que el pseudointelectualoide se preocupa por el otro de la forma más noble y desinteresada posible, a tal punto que si el dinero no fuera necesario nuestra vida se basaría en realizar obras benéficas y culturales.
Queda mucho en el tintero, pero como buen pseudointelectualoide sé que es inútil hacer referencia a todo eso, pues no terminaría éste post. El pseudointelectualoide siempre subestima a quien le escucha, pues no duda de la incapacidad mental del otro, pero ¿quién es en realidad el estúpido? Me disculparán, pero no responderé a esa pregunta para que mi ego no disminuya y así evitar el suicidio.
En algún parque, drogado y satisfecho, ventanas rojas, ropa desordenada y sin un desvalorizado peso colombiano. Un tipo pasa, algo me decía que no debí pedirle dinero pa’ ajustar el trago pero lo hice, y con un gesto de desprecio él responde “trabaje en vez de estar ahí tirado sin hacer nada”.
En un principio estoy de acuerdo en la sugerencia del trabajo, pero eso sí, que no venga a decirme que no estoy haciendo nada. En ese parque, en ese estado, en esa tranquilidad, estoy haciendo lo más importante y necesario para contribuir a esta sociedad adicta al olvido: imaginar. La imaginación es la única arma que tenemos los que nos creemos revolucionarios para luchar contra el morbo policiaco, la política burocrática, el estado paramilitar, la imaginación es lo único que nos mantiene vivos en medio de una cultura a la que el calificativo “medieval” le queda corto.
Los punkis, las drogas, el alcohol de farmacia, los ganchos de nodriza, la ropa sucia y los eructos son los únicos medios con los que los transeúntes recuerdan lo decadentes que siguen siendo. Somos humanos y no queda nada más de que avergonzarnos, los únicos seres vivos que sacrifican la naturaleza para aparentar estatus, los animales que más protocolo moral tienen para aparearse ¿un orgullo? nuestra inteligencia, sentido común, racionalismo y ciencia no sirven sino para llegar a la misma conclusión: tenemos una sola vida, muy corta, y la malgastamos por completo con complejos de moda, economía, política y poder… una brillante cabeza llena de química que al final se pudre en un ataúd.
Los decadentes somos el espejo que la sociedad tiene en el baño y en el que le molesta verse desnuda, nos encargamos de recordar que también es necesario expulsar desagradables flatulencias, que hay que ir al baño a sentarnos en bonitas piezas de cerámica a dejar el producto de un complejo proceso digestivo, que cuando hace calor y hacemos esfuerzo fisico nuestras axilas y pies huelen a humanidad. Somos torpes, hablamos estupideces, gritamos, eructamos, nos drogamos y autodosificamos mil cosas, tomamos alcohol antiséptico (con leche, azucar y café), vomitamos en las aceras si estamos muy locos y nuestros cuerpos disfrutan de todo eso.
Somos la escena de película de bajo presupuesto en la que esa hermosa protagonista tiene un orgasmo, en nuestras decadentes filas están formados grandes intelectuales que bombardean la ciencia con hechos y los argumentos con arte, puede usted, señor lector, escoger escritores, pintores, dibujantes, músicos, poetas, filósofos y sabios de la anarquía; puede seguirle pareciendo estúpido el sentido inexistente de muestra vida, pero algo sí es claro: nunca van a escasear los inconformes que estarán ahí para rellenar el tanque de la revolución con imaginación, con rebeldía, con persistencia…
Cada ofensa o mirada de terror a nuestra humanidad es un triunfo a nuestra lucha, cada insulto o calificativo lo hacen a un espejo que goza, y a decir verdad, puede que estemos demasiado drogados y no nos percatemos de sus consejos.
“Inteligencia militar son dos términos contrapuestos” (Groucho Marx).
Ya son tres días los que llevan Caracol y RCN mostrando a Íngrid Betancourt como primicia política. Desde que se bajó del avión hasta sus entradas al baño las han registrado y a partir de cada palabra pronunciada sacan una serie de reflexiones que elogian al dictador Uribe y que repiten en cada edición noticiosa y hasta en propagandas.
La operación militar, sinceramente no me convence. Quizá sea la exhaustiva desconfianza que tengo hacia el gobierno colombiano y especialmente al ejército, pero el engaño a las FARC y la ‘reducción’ que hicieron a los guerrilleros que custodiaban los secuestrados son demasiado cuestionables para ser reales. En el video de la operación, que apareció apenas al tercer día no aparece el momento de dicha reducción o algo similar. Según dice el mismo ejército, la operación estaba planeada para durar 8 minutos y duró 27, pero el video dura sólo 3 minutos y algo más ¿no sería lógico que durara casi media hora? Por otra parte, para cuando se presentó oficialmente el video ya éste estaba editado -mal editado pero editado- por las fuerzas militares ¿acaso hay algo para esconder?
Otra cosa que aún no tengo clara es qué pasó entre Uribe y la corte constitucional. Precisamente cuando más jodidas estaban las cosas, cuando la imágen del presidente estaba comenzando a rozar el suelo -sí, más- aparece lo de íngrid y los medios comienzan a aumentar la popularidad de Alvarito. ¿Y los demás problemas? no importan, los secuestrados salieron.
En lo personal, me parece que una persona que lleva secuestrada tantos años merece por lo menos un descanso, pero desde que bajó del avión la asediaron periodistas, cámaras, presidentes, militares e inmensas comisiones de aplausos que no se saciaron hasta no ver que derramara lágrimas de alegria, la morbosa necesidad de chisme de los colombianos se sació con unos tantos liberados ¿pero el resto qué? ¿también van a sacarlos de a poquitos?
Es obvio que después de los testimonios de Íngrid el acuerdo humanitario o cualquier forma de sacar el resto se hace más necesaria, queremos menos propaganda política mostrando y repitiendo y repitiendo a íngrid, queremos saber qué se va a hacer para que los más de 600 que siguen en la selva salgan, y eso no se va a lograr con bromas a la guerrilla, sino con política, con debate, con negociación. Haber si para eso usan a Íngrid, no para propaganda política y ganar votos manipulando sentimientos.
Con un orgullo inmenso escribo este post para contarles que me borré de Feisbuc. ¿Las razones? hace poco escribí un post llamado “Mi cuenta en Facebook“, en el que contaba como a través del asedio de invitaciones por correo electrónico y la tentación morbosa del chisme comencé a hacer parte de un proyecto brutalmente malévolo sin saberlo. Lo anterior puede ser mejor explicado por Diego Rottman, en su post “Me borré de Facebook“, en el blog Malas palabras:
“Facebook es un proyecto muy bien financiado, y los capitalistas detrás de esta exitosísima red social pertenecen a Silicon Valley, y conciben el mundo desde una clara postura ideológica. Facebook, al igual que su predecesor PayPal, es un experimento social de perfil neoconservador. En Facebook, uno es libre para ser quien quiera ser, siempre y cuando a uno no le importe ser bombardeado por la publicad de las grandes marcas del mundo.
Aunque el proyecto fue concebido por Mark Zuckerberg, la cara real detrás de Facebook es Peter Thiel, inversor de capital de riesgo y filósofo futurista. Solo hay tres miembros en la junta de Facebook: Thiel, Zuckerberg y un tercer inversionista llamado Jim Beyer. Thiel invirtió 500.000 dólares en Facebook cuando los tres creadores fueron a visitarlo en San Francsico en junio de 2004. Hoy es dueño del 7%, que equivale a más de un billón de dólares. (…)”
¿No le basta con esas razones? puede terminar de leer el post completo y encontrará muchas más. Si aún eso no les basta para borrarse de Feisbuc, les comentaré unos cuantos chismesitos sobre la famosísima ‘red social de contactos’: Primero, han encontrado más de 50 falsificaciones de las página principales de Facebook y Hi5, en las que fácilmente usted puede ser engañado y entregarle sus datos a quién sabe quién [Vea la noticia], y para continuar, el Feisbuc es usado como un arma militar de espionaje por la US Navy [Vea la noticia]. Si con todo lo anterior usted no cree necesario borrarse de Feisbuc, lo admiro, es usted muy ‘valiente’.
Pero vayamos al grano: ¿cómo hace uno para deshacerse de esa porquería? les contaré lo que hice yo. Comencé borrando todos mis datos personales, algunos como la fecha de nacimiento y el nombre son difíciles de quitar, por eso recomiendo cambiarlos por otros falsos. Luego, hacemos clic en este enlace y el formulario que saldrá lo rellenamos de la siguiente forma:

Finalmente, pueden ingresar al sistema y en “Privacidad” hagan clic en el botón de abajo, donde dice “suspender suscripción” o algo así. Ahí está la opción de que no le envíen correos electrónicos desde Feisbuc. Un proceso largo pero necesario… yo por mi parte, me siento menos analizado por los gringos en este momento.
Hasta pronto, agradezco a Deb, del blog Palabrería por proporcionarme gran parte de la información que lleva este post.

Demuestra, se hace definir como una muestra pública en la que los estudiantes del pregrado de comunicaciones de la Universidad de Antioquia exponen el trabajo de todo un semestre. En este texto voy a dar mi visión del evento como estudiante del pregrado y participante de este evento.
Como primer punto, hablemos de la organización del evento: se realiza generalmente en un auditorio fuera de la universidad, supuestamente para que sea abierto al público en general. Lo curioso es que al fin terminan asistiendo sólo los estudiantes y uno que otro amigo o familiar, el evento rebosa en formalidad, discursos, banderas y pendones… es como hacer una fiesta de cumpleaños: aunque se hace en familia todo el mundo cree que está en una cumbre internacional y se comporta como tal.
Los profesores, por su parte, son los ganadores en este caso. Todo un semestre encima de uno poniéndole trabajo, haciendo correcciones, sufriendo porque “la muestra se vino encima y no vamos a salir con nada… ¡que vergüenza!”, para que el día del evento se aparezcan diez minutos mientras exponemos sus pupilos y terminadas la exposiciones huyan a criticarlas. Pero ¿cómo vamos a criticar esa actitud si casi todos los profesores son de cátedra? antes hay que agradecer que se toman el trabajo de ir.
Por otra parte, se supone que hacer la exposición final (la muestra) vale un 10% en todas la materias. Pero de ese 10%, un 5% se califica de acuerdo al trabajo realizado en todo el semestre y un 5% está determinado por la asistencia al evento, osea que el producto de todo un semestre vale lo mismo que ir a la muestra, y para la facultad es así, porque el producto es tan poco atractivo que se sabe que si los estudiantes no se obligan a asistir, sencillamente no van ¿funcionará igual después de graduarse? ¿qué calidad de profesionales saldrá?. Aunque duele, hay que asumirlo: muchos asisten al evento solamente para esperar el pastelito que regalan y la fiesta que hay después.
Ojo, yo no estoy diciendo que el evento sea del todo inútil. También acepto que el hecho de presentar los trabajos ante un público es una buena prueba, permite asesinar el pánico escénico y compartir el trabajo realizado; pero cuando el público sólo sirve para aplaudir y no se genera debate por el afán de entregar el auditorio, no se es académico, ni riguroso, ni mucho menos constructivo. Sólo es una presentación, un esfuerzo de todo un semestre perfeccionando una investigación, volteando para allá y para acá con libros y memorias USB, para que al final un público aplauda y espere a que todos terminen pa’ poderse ir.
¿Entonces qué propongo? como siempre, nada: sólo me interesa destruir y descomplicar las cosas. Pero sí podría aconsejar que el evento se realice en la misma facultad o en la ciudad universitaria, abierto al que quiera entrar; sin obligar a nadie a aguantarse lo que no quiera ver y más bien convencer al público de que vale la pena asistir: ese es el trabajo de un comunicador, si de eventos hablamos. No voy a hablar del logo de la presentación pública, pero sólo aclaro que es un carambolo y que no voy a decir el porqué para que algún incauto en los comentarios intente adivinarlo, y estoy seguro de que nadie lo hará.
En fin… dejemos aquí para que no me expulsen de la universidad.

Hoy más de una persona salió a comprar alcohol, calzoncillos y camisetas para regalarle al propietario del espermatozoide que lo trajo al mundo, voy a dejar de lado cualquier referencia al consumismo porque ya estoy cansado de hablar de eso, además con el tiempo ese argumento ha sido convertido por la cultura en una excusa para no regalar nada, por válido que sea. Me acercaré al asunto desde el día del padre que viví yo hoy, con el fin de ser lo más parcializado y subjetivo posible.
Tal como sucedió el día de la madre con mi papá, hoy fue mi madre la que costeó el regalo del día del padre: una botella de vino que parecía cara aunque valía poco y unas galletas en una cajita hasta nomás de bonita, no se fueron más de diez mil pesos y según cree todo el mundo “lo que vale es la intención”. Nuevamente me cuestiono sobre el sentido del regalo ¿es un detalle de mi mamá o mío? además, teniendo en cuenta que mi hermano fue quien compró el regalo (sin previa consulta a su escritor) menos aún tengo algo yo qué ver con el detalle.
Como siempre, la cultura me obliga hacer parte de estas vainas: el regalo venía en una bolsa con una tarjeta que contenía tanto mi nombre como el de mi hermano, junto a una frase cursi que definitivamente no expresa lo que siento por mi padre. ¿Qué objetivo tiene entonces? pues el del tal detalle, que no es más que una suma de dinero invertida en cosas materiales que no contienen más que un carácter simbólico que determina mi cariño y afecto por ese sujeto llamado “cucho”.
Y aunque al principio dije que no hiba a hablar de consumo, les digo que el día del padre es un asunto meramente consumacionista. Fin.
Hoy es el “día de la madre”. Generalmente, desde hace un mes la radio está sacando comerciales recordándonos el esfuerzo que la persona que “nos dio la vida” ha hecho por nosotros y obviamente, en nuestro sistema de consumo las cosas se hacen a cambio de una recompensa, la cual se supone debemos entregar hoy.
Mi padre y mi madre son divorciados, hoy me despertó el teléfono con una llamada de mi padre, el cual me preguntaba si ya había comprado algo para mi mamá, si tenía dinero para hacerlo y en caso de no tener él me daría el dinero para que comprara ese regalo. Mi pregunta es ¿el regalo lo doy yo o mi papá? algo claro es que yo sería quien lo entregue, osea que los créditos son a mi nombre a pesar de que mi papá fue quien trabajó e hizo el esfuerzo para comprar el regalo, algo así como copiar un texto y no citarlo.
El regalo que se da el día de las madres es algo así como un impuesto que pagamos cada año para agradecer que nos trajeron al mundo, algo que nosotros no elegimos pero que igual tenemos que pagar porque ya se hizo. Si yo no le digo hoy a mi madre que tenga un feliz día ella se sentirá olvidada, si le entrego una carta escrita a mano con un poema escrito por mí, alguien le meterá en la cabeza que esa es la solución más barata y que no implica un esfuerzo de mi parte: un “sacrificio”, como el que ella ha hecho por mí toda su vida. La deuda no queda saldada.
El problema hasta ahora es mínimo, porque solo se basa en la existencia de el día de las madres. Todavía falta la parte más difícil: mi papá me da el dinero para comprar el regalo, le da legitimidad al día y me introduce a mí en la lógica del día de las madres, si rechazo ese dinero me gano un problema peor porque la cultura dirá que no quiero a mi mamá (por absurdo que suene). Ahora el problema no es qué voy a hacer para mi mamá el día de las madres, sino que ya la respuesta está establecida: comprar.
¿Qué comprar? Si le doy un juego de ollas la estoy condenando a la cocina y eso sería darle material para aumentar la deuda, si le compro alcohol se emborracha pero dirá que la emborraché para yo tomar también o para que se concentre en otra cosa que no sea yo y no me moleste, si le compro cosas para aparentar belleza (labial, esmalte, etc) le estoy diciendo indirectamente que es fea, una flor se marchita y se pudre y sería basura que luego ella tendría que limpiar… el comercio le da significado a todo lo que vende, y en un día como este el regalo además de ese significado tiene una intencionalidad, el problema es que el consumo me da la libertad de elegir qué le voy a comprar, pero no me permite la libertad de NO comprar.
¿Conclusión? Voy donde mi padre por el dinero, me voy de mi casa a emborracharme hasta mañana, mi mamá se queda sola con mi padrastro, él se encarga de pagar la deuda por mí y todo el mundo pasa un feliz día de la madre.
Recorriendo mi habitación con la vista, busco en este preciso momento un tema para escribir este post. Aún no se me ocurre un título, ni un tema, ni cómo empezará o terminará, solamente me importa escribir un poco para… para… escribir.
Veo mis almohadas, dos cobijas sin doblar, una grabadora averiada… no se me ocurre nada interesante, hasta que veo la ropa de ayer en una esquina de mi pieza, al lado de mi cama. Está mojada, pues ayer llovió muy fuerte y me mojé, además esa ropa mojada me recuerda el frío con el que intenté dormir anoche. La pregunta sería entonces ¿para qué sirve la ropa?
Si corriera a preguntarle a un psicólogo, me diría que en la ropa se vería representada mi idea de cuerpo y que dependiendo de mi forma de vestir estructuro mi existencia (o algo así). Si le preguntara a un diseñador de modas, me diría que mi vestir muestra mi estilo o mi personalidad o un discurso muy similar al del psicólogo. Un comunicador me dirá que “no se puede no comunicar” y que mi forma de vestir va ligada a un mensaje que quiero darle a la sociedad, y no faltará el profesional que mezcle todo lo anterior con más cuento y me diga otra cosa o base mi vida en mi vestimenta.
Ahora, me pregunto sobre el antecedente más antiguo que se tiene de la vestimenta… lo primero que se viene a mi cabeza cuando pienso en lo que pasaría hace millones de años son los picapiedra, y según esa teoría los primeros vestidos serían pieles de animales que protegían al hombre del frío y quizá por esa razón nuestro pelaje no es tan denso como el de los otros animales, eso me basta como argumento.
Si la vestimenta nos quita el frío, nos permite escapar del agua (impermeables), nos protege de balas, de animales ¿por qué diseñamos la ropa dependiendo de la estética y no de su funcionalidad? o por lo menos, ¿por qué el criterio ‘utilidad’ no prima sobre la ‘estética’? Pues esa pregunta se la dejo al diseñador de modas, que casualmente diseña modas, no ropa.













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